martes, 16 de agosto de 2011

Jacques Lacan. Le Séminaire. Livre XIX. "... ou pire" (Seuil, Paris). Aparece el 25/8

TEXTO DE CONTRATAPA

Encuentro fortuito de una maquina de coser con un paraguas. Encuentro imposible de una ballena con un oso blanco. El primero, imaginación de Lautremont; el otro, puntuación de Freud. Ambos memorables. ¿Por qué? Ciertamente, ellos aguijonean algo en nosotros. Lacan dice qué. Se trata del hombre y de la mujer. Entre ellos, ningún acuerdo, ni armonía, ni programa, nada preestablecido: todo esta librado a la buena ventura, lo que en lógica modal se llama contingencia. De allí no se sale. ¿Por qué es fatal, es decir, necesario? Hay que suponer que procede de una imposibilidad. De allí el teorema: “No hay relación sexual”. Hoy esta fórmula es famosa. En el lugar de lo que cava así un agujero en lo real, hay una plétora: imágenes que engañan y encantan, discursos que prescriben lo que dicha relación debe ser. Son solo semblantes, cuyo artificio el psicoanálisis hizo patente para todos. En el siglo XXI es algo conquistado. ¿Quién cree todavía que el matrimonio tiene un fundamento natural? Puesto que se trata de un hecho cultural, uno se entrega a la invención. En todas partes se ensamblan nuevos montajes. Será mejor… o peor.“Hay Uno”. En el corazón del presente Seminario, ese aforismo que pasó desapercibido completa el “No hay” de la relación sexual anunciando lo que hay. Entiendan: el Uno- solo. Solo en su goce (profundamente autoerótico) como en su significancia (por fuera de la semántica). Aquí comienza la última enseñanza de Lacan. Todo está allí desde que él lo enseñó, y sin embargo todo es nuevo, renovado, puesto patas para arriba. Lacan enseñaba el primado del Otro en el orden de la verdad y del deseo. Aquí, enseña el primado del Uno en la dimensión de lo real. Recusa tanto el Dos de la relación sexual como el de la articulación significante. Recusa el Otro, pivote dela dialéctica del sujeto, le deniega la existencia y la reenvía a la ficción. Desvaloriza el deseo y promueve el goce. Recusa el Ser, que no es más que semblante. La henología, doctrina del Uno aventaja aquí la ontología, teoría del Ser. ¿El orden simbólico? No es otra cosa que la iteración del Uno en lo real. De allí el abandono de los grafos y las figuras topológicas en beneficio de los nudos, hechos de redondeles de cuerda que son Unos encadenados. Recuérdenlo: el seminario XVIII suspiraba por un discurso que no fuese del semblante. Y bien, con el seminario XIX lo que hay es el ensayo de un discurso que proviniese de lo real. Pensamiento radical del Un-dividualismo moderno.